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lunes, 25 de octubre de 2010

El déficit tarifario en España

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Por déficit tarifario en España, se entiende la diferencia entre la recaudación por las tarifas reguladas que fija el gobierno y que pagan los consumidores y los costes reales asociados a dichas tarifas. Está produciendo graves problemas que, en el contexto actual de crisis financiera internacional, está afectando profundamente al sistema y pone en riesgo, no sólo la situación financiera de las empresas del sector eléctrico, sino la sostenibilidad misma del sistema.

Con la Ley 54/1997 se establecía la paulatina liberalización del sector eléctrico en España que concluyó el 1 de enero de 2003. Esta liberalización se ha producido en el mercado mayorista (grandes consumidores) pero no ha terminado de implantarse al mercado minorista que sigue intervenido mediante la atribución que el RDL 6/2009 le permite gracias a la denominada tarifa de último recurso. Esta tarifa a la que se acogen prácticamente todas las familias españolas (potencia inferior a 10 kW), está intervenida por el gobierno y su evolución depende de intereses políticos.
El RDL 6/2009, además, tiene como principal objetivo reducir el déficit tarifario que desde la aprobación de la Ley 54/1997 del sector eléctrico viene incrementándose año tras año.

Otro aspecto que considera este Real Decreto Ley está relacionado con la creación del bono social que tiene como objetivo proteger a los consumidores con unas rentas más reducidas para que no se vean perjudicados en cuanto al acceso del suministro eléctrico.

El Real Decreto Ley establece una hoja de ruta para eliminar el déficit tarifario desde su publicación y hasta 2013, fecha fijada como tope para su eliminación definitiva. De esta forma en el año 2009 el déficit no debía superar los 3.500 millones de euros, en 2010 3.000 millones, en 2011 2.000 millones y en 2012 1.000 millones. Desgraciadamente la realidad ha sido bien distinta y a principios de 2010 el déficit de la tarifa se elevaba a 4.616 millones de euros. Según el compromiso del gobierno la tarifa tendría que haber subido durante 2010 para ajustar esa diferencia. Sin embargo, no se produjo como hubiera sido deseable y necesario.

Este incremento del déficit ha venido condicionado por el anormalmente bajo precio que se impone a la tarifa de último recurso que no refleja el coste real de la producción de energía eléctrica. Por lo tanto, es anterior a las primas que se están concediendo a las energías renovables y no es achacable únicamente a estas.

Además, el incremento del precio del barril del petróleo y de la tonelada de CO2 emitida a la atmósfera , especialmente en el año 2007, no se repercutió en el precio que el consumidor pagaba por lo que hizo que el déficit se incrementara aun más.

Está claro que es necesario un incremento en el precio de la tarifa eléctrica de último recurso y una planificación energética a largo plazo que elimine todas las plantas de producción de energía eléctrica mediante carbón (excesivamente subvencionado y contaminante) que con más de 11.000 MW de potencia instalada (un 12% del total del sistema eléctrico español cifrado en 95.000 MW con todas las tecnologías) contribuye a que exista una sobrecapacidad del sistema eléctrico. Otro de los lastres importantes que se ha venido originando en los últimos años.

martes, 12 de mayo de 2009

¿Quién tiene la culpa de que suba la factura de la luz?

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El pasado mes de abril se aprobó el nuevo RDL 6/2009, por el que se adoptan determinadas medias en el sector energético en el que el Ministerio de Industria se muestra decidido a reducir las primas que cobran los productores de energías renovables por la venta de la electricidad que generan. España se ha convertido en los últimos años en uno de los primeros productores mundiales de electricidad por medios renovables. Este crecimiento se ha producido gracias a las generosas primas pagadas por el gobierno que han hecho muy rentables los proyectos.

Ahora, desde el Ministerio se dice que estas primas son un coste más del sistema eléctrico y que están financiadas a cargo del déficit tarifario lo que ha originado un incremento considerable de la factura eléctrica española.  

Esta forma de pensar pone de manifiesto el largo camino que aun queda por recorrer para que los planteamientos basados en el desarrollo sostenible sean una realidad. Desde el Ministerio no se consideran los daños ambientales que la producción, distribución y consumo de las energías tradicionales están suponiendo para nuestro país. Tampoco se consideran las grandes subvenciones y beneficios fiscales que estas energías reciben anualmente. Por contra, si que se analiza el precio que se paga a los productores de energías renovables, sin tener en cuenta el beneficio ambiental que su uso reporta, la sostenibilidad e independencia energética que suponen y el desarrollo económico nacional que propicia que España sea uno de los grandes productores de tecnología renovable propia.

Por lo tanto, no solo no se potencia el uso de energías renovables sino que se las hace responsable del incremento del precio de la factura eléctrica. Algo totalmente falaz. Baste un ejemplo: durante los últimos nueve años el incremento anual en los precios de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) ha sido mayor que el incremento del precio de la factura eléctrica, manteniéndose, artificialmente bajo, el precio que los consumidores pagan por el uso que hacen de la energía eléctrica. No en vano, tenemos que recordar que mas del 60% de toda la electricidad que se produce en España lo hace utilizando este recurso no renovable. ¿Es lógico que el incremento en el precio de la tarifa eléctrica todos los años sea incluso inferior al IPC, cuando el incremento en los precios de los combustibles fósiles se ha venido incrementando hasta en un 11% de forma anual?

Está claro que priman los criterios cortoplacistas a la hora de establecer una política económica relacionada con la disponibilidad y consumo de recursos naturales, mas que una planificación a medio plazo en la que se tengan en cuenta factores ambientales. No valorándose los recursos que proporciona la biosfera, fomentándose incentivos perversos para una estructura económica poco sostenible y generando residuos que originarán una depreciación del capital natural del país.

Podemos asegurar que concretamente esta decisión no originará un incremento en el bienestar real de la sociedad y tampoco será sostenible por cuanto el nivel de consumo no podrá mantenerse en el futuro con estos planteamientos.