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miércoles, 21 de enero de 2015

Ciclo del Carbono (Efecto invernadero)

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Mediante el proceso de fotosíntesis, el CO2 previamente generado en procesos de combustión, se descompone liberando oxígeno puro a la atmósfera y fijando el carbono en la materia vegetal. Todo el CO2 que se produce en la combustión de la biomasa ha sido previamente fijado por la planta, por lo que la utilización de este tipo de energía no produce incremento neto de este gas de efecto invernadero en la atmósfera.
 
Este ciclo que se produce de forma natural recibe el nombre de ciclo del carbono y se define como las transformaciones químicas de compuestos que contienen carbono en los intercambios entre biosfera, atmósfera, hidrosfera y litosfera.
 
De este ciclo  depende la producción de materia orgánica en la Tierra. El carbono es un componente esencial para todas las formas de vida del planeta, ya que interviene en la fotosíntesis bajo la forma de dióxido de carbono o de ácido carbónico. Además, forma parte del compuesto fundamental para la alimentación y respiración de los seres vivos: la glucosa.
 
La reserva fundamental de carbono, en moléculas de CO2 que los seres vivos puedan asimilar, se encuentra en la atmósfera y la hidrosfera. Este gas está en la atmósfera en una concentración superior al 0,03% (300 ppm) y cada año aproximadamente un 5% de estas reservas de CO2 se consumen en los procesos de fotosíntesis. Esto implica que todo el dióxido de carbono se renueva en la atmósfera cada 20 años.
 
En el gráfico siguiente observamos la evolución de la concentración de CO2 en la atmósfera tomadas desde el Observatorio de Mauna Loa en Hawai, un estación de referencia ya que desde el año 1956 se encarga de monitorizar la concentración de gases en la atmósfera y muy especialmente realiza el seguimiento del dióxido de carbono.
 
 

En estas últimas cinco décadas, la concentración se ha incrementado en 100 ppm (partes por millón), ya que a mediados de los años cincuenta del pasado siglo la concentración era algo mayor a 300 ppm. A mediados de 2014 se alcanzó la cifra record de 400 ppm.
 
 
La vuelta de CO2 a la atmósfera se produce cuando en la respiración, los seres vivos oxidan los alimentos. En el conjunto de la biosfera la mayor parte de la respiración la realizan las raíces de las distintas especies vegetales y los organismos que habitan en el suelo.
 
De la misma forma que el CO2 es consumido por los organismos fotosintéticos, se reemplaza por medio de la respiración de los seres vivos, por la descomposición de la materia orgánica y como producto final de combustión de los combustibles fósiles, principalmente carbón, petróleo y gas natural.

Como conclusión podemos decir que en el ciclo del carbono participan tanto los seres vivos en su proceso natural de respiración y asimilación de alimentos, y otros  fenómenos naturales como pueden ser los incendios. Además, los seres vivos acuáticos toman el CO2 del agua, siendo los océanos los grandes contenedores de carbono, ya que la solubilidad del dióxido de carbono en el agua es muy superior a la que tiene el aire.

viernes, 18 de octubre de 2013

Beneficio económico de las calderas de biomasa

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¿Es realmente rentable a nivel económico escoger una caldera de biomasa? ¿Amortizaré la inversión inicial? Estas y otras preguntas son las que surgen cuando nos planteamos instalar una caldera de biomasa.

Lo primero que hay que saber es que se puede sustituir cualquier caldera por una de biomasa. La única diferencia sustancial entre este tipo de calderas y una convencional de gasoil o gas es que quema material sólido. De hecho, puede aprovecharse la instalación de otra caldera y el funcionamiento es muy similar: sirve para generar calor.

Existen calderas que queman pellet y otras que funcionan con varios tipos de residuos, las denominadas “policombustibles”. En este artículo, hablaremos sobre las calderas que utilizan pellet como combustible y las compararemos con calderas de gasoil y de gas natural.
Una caldera de pellets de uso doméstico oscila entre los 3.500 y los 5.000, dependiendo de su capacidad y rendimiento. A la hora de escogerla, debemos tener en cuenta las necesidades individuales de cada instalación y la potencia necesaria a instalar.
Aunque los precios de este tipo de calderas es algo superior a la de la instalación de calderas de gas o de gasoil, cuyo precio medio en el mercado oscila entre los 3.000 y 4.000 euros, existen una serie de consideraciones a medio y a largo plazo que pueden hacer que recuperemos la inversión en muy poco tiempo.
Subidas anuales

Las subidas anuales del material que utiliza cada caldera son una realidad. Según el instituto de estadística de la UE, el gas natural ha aumentado su precio en un 40% desde 2005, lo que supondría una subida superior al 4,4% anual.

Desde 2009, el precio del gasoil se ha incrementado en un 57%, pasando de los 0,86 euros a los 1’36 euros de agosto de 2013, según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, lo que supone una subida aproximada del 11% anual.

Aunque los pellets y las astillas también sufren subidas cada año, estas son inferiores a los de otros materiales. De hecho, durante los años 2010 y 2011, el precio del pellet se mantuvo constante en 3,5 céntimos de euro por kW/hora, según datos del Instituto para la Diversificación y el Desarrollo energético (IDAE).
Precio de consumo

La Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa (AVEBIOM), publicó recientemente un estudio realizado con el informe de precios energéticos liberalizados del IDEA de 18 de marzo, los últimos datos de gas natural, publicados en el BOE, y datos medios de mercado, del que se deriva que  la biomasa es el combustible con el precio más competitivo para el usuario.
El precio del gasóleo se sitúa en 8,71 céntimos de euro por kWh y el del gas natural en 5,75 c€kWh, precio al que debemos sumar el coste fijo mensual. Con la compra de pellet a granel, el precio puede bajar hasta los 3,38 c€kWh.

Teniendo en cuenta estos datos, la inversión en una caldera de biomasa se puede amortizar en 3 años asumiendo la subida del precio de los materiales y el coste de los mismos por mes. Esto significa que a partir de este tiempo, el ahorro que supone tener una caldera de estas características se convierte en constante, superando en muy poco tiempo la inversión inicial.

Para más información consultar la página del Grupo Biosan: http://calderasyestufasdebiomasa.es/




lunes, 22 de octubre de 2012

Cultivos energéticos

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Por cultivos energéticos podemos entender grandes plantaciones de árboles o plantas cultivadas con el fin específico de producir energía. Para ello se deben seleccionar especies de crecimiento rápido y bajo mantenimiento que usualmente se cultivan en tierras de bajo valor productivo. Su período de cosecha varía entre los tres y los diez años. También se utilizan arbustos que pueden ser podados varias veces durante su crecimiento, para extender la capacidad de cosecha de la plantación. La especie que parece más indicada para cultivos energéticos en el caso de España es el cardo (Cynara Cardunculus), del que pueden obtenerse 20 t de materia seca por ha.
 
Existen también muchos cultivos agrícolas que pueden ser utilizados para la generación de energía: caña de azúcar, maíz y trigo. Igualmente, se pueden usar plantas oleaginosas como palma de aceite, girasol o soja.

Adicionalmente, este tipo de cultivos sirve para controlar la erosión y la degradación de los suelos; además puede proveer otros beneficios a los agricultores. Una granja típica, usualmente, sólo genera uno o dos productos de mayor valor comercial como maíz, café, leche o carne. El ingreso neto de ello es, a menudo, vulnerable a las fluctuaciones del mercado, al aumento del costo en los insumos, a las variaciones climáticas y a otros factores. Dado que las plantas de generación de energía requieren un suministro estable de combustible, los cultivos asociados a ellas pueden proveer un ingreso permanente a los granjeros que decidan diversificar su producción.

Son diversos los cultivos en tierra que se pueden aprovechar con fines energéticos, considerándose los siguientes grupos:


Cultivos tradicionales

· Cultivos poco frecuentes

· Cultivos de plantas productoras de combustibles líquidos

Los cultivos tradicionales son los que el hombre ha venido utilizando desde hace mucho tiempo, tanto para la producción de alimentos como para la obtención de productos de interés industrial. Todas las especies de este grupo tienen determinadas exigencias climáticas y necesidad de terrenos fértiles y agua por lo que su cultivo podría suponer un elevado grado de competencia con los cultivos alimentarios, a no ser que se utilicen con fines energéticos los excedentes de cosechas. Cabe destacar, entre otros:

· Cereales

· Caña de azúcar

· Remolacha

· Mandioca

· Plantaciones forestales

Dentro de los cereales podemos clasificar una gran cantidad de especies, perteneciendo su mayoría a la familia de las gramíneas, cuyo fruto es inseparable de la semilla. En algunos casos suelen incluirse en esta clasificación plantas con semillas semejantes a granos que son de otras familias, como el girasol, la quinua, el alforfón, el amaranto o el huauzontle. Estas especies suelen ser conocidas como falsos cereales o pseudocereales.


lunes, 9 de abril de 2012

Consumo de energía primaria y consumo de energía final

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En las estadísticas energéticas de los países siempre se facilitan datos del consumo de energía primaria y consumo de energía final. Para entender a que se debe esta diferencia debemos analizar los conceptos de energía primaria, intermedia y final.

La energía primaria es aquella que se encuentra disponible en la naturaleza, pudiendo agruparse en energía renovable y fósil. Entre las renovables podemos destacar la proveniente del Sol y el viento, del agua y de la biomasa. Entre las fósiles tendríamos el uranio, el carbón y petróleo y el gas natural. Para valorar la energía primaria renovable se tendrá en cuenta la energía producida y no la disponible pero no aprovechable por no existir potencia instalada que sea capaz de aprovechar esta energía proveniente de fuentes renovables.

La energía intermedia es aquella que sufre las transformaciones necesarias para ser consumida. Son los denominados vectores energéticos entre los que destacamos la electricidad y los combustibles (mediante tratamiento del petróleo en refinerías para producir gasolinas, gasóleos y gases licuados). También deberemos utilizar paneles solares para transformar la energía primaria del Sol en energía intermedia eléctrica.

Por último, tendremos energía final que será la consumida en el hogar o la empresa, así como en los vehículos para el transporte de personas y mercancías (el transporte necesario para hacer llegar esta energía al consumidor final no sería uno de los agregados que tendríamos que contabilizar en esta partida). Esta energía tendría forma de calor, frío, luz y fuerza, agua caliente y desplazamientos de personas y mercancías.

En todo este proceso se producen gastos por operación de plantas, transporte, pérdidas, accidentes, etc. Por lo tanto, la cantidad de energía primaria que entra en el sistema, será siempre superior a la finalmente consumida. Además, tenemos que tener en cuenta que durante el proceso se producen impactos ambientales y contaminación que debe ser tratada y eliminada con equipos humanos y técnicos, cuyo coste se debería contabilizar como una partida más imputable al coste de la energía primaria que un país debe pagar. Las energías primarias renovables, naturalmente, no tienen esta repercusión negativa en cuanto a costes añadidos.

La energía eléctrica, por tanto, es una energía intermedia a la que una vez que le eliminemos las pérdidas correspondientes tendremos la energía final consumida por los usuarios. El usuario final utiliza los dos vectores energéticos, combustibles y electricidad, provenientes de fuentes energéticas renovables y no renovables.

martes, 2 de junio de 2009

La quiebra de GM se extenderá a más compañías automovilísticas

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El gigante de Detroit, GM, todo un símbolo de la forma de vida americana, ha caído de forma estrepitosa bajo el anuncio de la mayor suspensión de pagos industrial de EEUU, con 122.500 millones de deuda.

Otras compañías automovilísticas emblemáticas, como Chrysler, también corrieron la misma suerte hace pocas semanas.  Hace algunos años, en 2005, en Europa también fuimos testigos de la desaparición de dos marcas centenarias: MG y Rover que supuso la pérdida de más de 6.000 empleos directos.

Puedo afirmar, sin ningún género de dudas, que la desaparición de más marcas automovilísticas es solo cuestión de tiempo. ¿En qué me baso para realizar esta afirmación catastrofista? En el sentido común.

Nuestra economía está sustentada en el consumo de combustibles fósiles. Estos combustibles no son ilimitados en el tiempo, siendo cada vez más escasa su disponibilidad. Las empresas o países más dependientes de estos combustibles serán los que mayores repercusiones tengan en su cuenta de resultados cuando la materia prima fundamental para realizar sus actividades escasee. Da igual que se trate de una multinacional gigantesca o del país más poderoso del mundo. Si no adaptan sus estructuras productivas, el colapso está garantizado.

Los enormes Cadillac, Chrysler, GMC, Hummer, Chevrolet, símbolos del poderío de un país se desmoronan rindiendo pleitesía a marcas como Toyota y Honda especialistas en fabricar coches eléctricos e híbridos de un consumo más que reducido. La eficiencia energética, la utilización de combustibles, hasta ahora denominados alternativos, y la innovación tecnológica han conseguido un hueco en el mercado que crece día a día.

El mensaje a los fabricantes es claro: Hasta ahora están teniendo problemas financieros las compañías que fabrican coches y motores en exceso sobredimensionados, pero las que no se adapten tecnológicamente para el uso de combustibles no fósiles también terminarán echando el cierre. Por lo tanto, es imprescindible reinventar el sector, adaptar las necesidades del público a vehículos eficientes, poco contaminantes y sostenibles en el tiempo. Solo de este modo los fabricantes podrán seguir vendiendo automóviles y la población seguir desplazándose según sus necesidades.



miércoles, 7 de enero de 2009

Fomento uso biocombustibles

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IMPULSO PARA LA PRODUCCIÓN Y USO DE BIOCOMBUSTIBLES 
(DE SEGUNDA GENERACIÓN) 

El desarrollo de los biocombustibles llamados de “segunda generación” empezó a producirse debido al encarecimiento global que sufrieron materias primas como los cereales, en todas sus variedades y las plantas oleoginosas, a partir del año 2005.

Aunque los últimos estudios llevados a cabo desde el Instituto de Investigaciones Ecológicas demuestran que el uso de biocombustibles no ha sido decisivo en el encarecimiento y la escasez de estas materias primas, la producción de biocombustibles debe realizarse siguiendo criterios de máxima eficiencia y mínima competencia con los suelos destinados a la producción de alimento para uso humano y animal. Esto implica generar biocombustibles utilizando materias primas no comestibles.

En este sentido estudiamos productos como celulosa, hierba, paja y algas (estas últimas podrían ser consideradas como materia prima base para la producción de combustibles de “tercera generación”). 

Los biocombustibles que se obtienen con materias primas de segunda generación aun no están tan generalizados como los de primera generación y requieren altas inversiones en investigación y desarrollo. No obstante, en ellos recae la gran responsabilidad de ser la solución a medio y largo plazo a los problemas de abastecimiento energético a la que nos enfrentaremos en el corto plazo.

Los biocombustibles líquidos más usados son el bioetanol y el biodiesel. Además España, como en otras energías renovables, goza de una posición privilegiada a nivel mundial, siendo uno de los mayores productores de bioetanol de la Unión Europea, aunque países como Estados Unidos y Brasil son los grandes abanderados en producción de este combustible. 

La situación en España es problemática, cerca de 30 plantas de producción de bioetanol y biodiesel, con una capacidad de producción de más de 500.000 toneladas/año de los dos tipos de combustibles, están prácticamente paralizadas. Las inversiones en estas plantas que se amortizan en 25 años y que suponen una inversión  cercana a los 1.000 millones de euros no se están recuperando. 

Estas plantas se encuentran en espera a que se aclare la regulación en torno al consumo obligatorio de bioetanol, y a que se regularicen los precios de las materias primas, cuyo incremento ha perjudicado seriamente al sector. Por este motivo se proponen una serie de medidas tanto del lado de la oferta como de la demanda que deberían impulsarse desde los órganos de gobierno nacionales.

Los biocombustibles de “segunda generación” conllevan ventajas en cuanto a los biocombustibles tradicionales, entre las más importantes se encuentran: un mayor rendimiento, menos contaminación, y la no afectación al mercado materias primas relacionado con la alimentación.

Las materias primas que se están utilizando para extracción de etanol en el mundo difieren según el país que analicemos. Especialmente significativos son los casos de Estados Unidos y de Brasil por el volumen de producción. Sin ningún género de dudas el sistema que se está utilizando en Brasil es mucho más eficiente y sostenible que el utilizado en Estados Unidos. Además el coste que supone la producción de etanol, desde un punto de vista ambiental y social, es también mejor en el caso de Brasil. 

El Congreso de Estados Unidos ha dado un empujón a la producción de bioetanol en todo el país. Se ha articulado un sistema de desgravaciones fiscales y medidas proteccionistas estableciendo que 28.000 millones de litros de carburante en el país deberán ser biocombustibles para el año 2012. 

Tradicionalmente el gobierno de Estados Unidos ha subvencionado actividades del sector petrolero durante decenios, así como desgravaciones fiscales, por lo que una ayuda temporal que fomente el desarrollo de nuevas tecnologías tendentes a la producción de bioetanol esta más que justificada. Este modelo es el que debe ser utilizado también en España, pero con cultivos más eficientes. 

Además mientras que los subsidios que se aplican al petróleo se dirige a las compañías energéticas más importantes del mundo, las subvenciones del bioetanol se destinan a pequeñas zonas rurales del país, con lo que se genera renta agrícola y se consigue una menor inmigración hacia las ciudades. 

La obtención de bioetanol mediante maíz tiene como desventajas que el proceso de fermentación se desprenden grandes cantidades de CO2. La mayoría de plantas queman gas natural o carbón para producir el vapor que hace posible la destilación. 

Para poder producir grandes cantidades de maíz se necesitan abonos nitrogenados que se fabrican con gas natural y maquinaria diesel para el mantenimiento del cultivo. 

Por lo tanto, podemos concluir que el etanol producido con maíz, ofrece un balance energético mínimo. Entendiendo por balance energético la relación entre la energía fósil necesaria para obtenerlo y energía que finalmente produce. 

En el otro lado de la balanza tenemos a Brasil que empezó a utilizar alcohol para sus vehículos en la segunda década del siglo XX. Pero no fue hasta los años ochenta, debido al embargo internacional de la OPEP, cuando el gobierno se planteo llevar a cabo un programa nacional para la producción y distribución de alcohol por todo el país. 

La obtención de bioetanol con maíz implica el aporte de enzimas muy costosas que garanticen el proceso de fermentación. La gran cantidad de azúcar que contiene la caña hace que el proceso de fermentación empiece prácticamente al cortarla. 

El cultivo de caña de azúcar puede producir entre 5.700 y 7.500 litros por hectárea, más del doble de lo que puede conseguirse cultivando maíz. 

En Andalucía, concretamente en Málaga, se disponen de datos históricos en los que en el término municipal llegaron a producirse 115.000 toneladas de caña al año. Esta producción implicaría la obtención de de casi 5 millones de litros de bioetanol al año. 

La eficiencia de las plantas generadoras de bioetanol mediante caña de azúcar es muy elevada, del orden de 8 unidades energéticas por cada unidad de combustible fósil consumida. La utilización de nuevos tractores para realizar la recolección y la aplicación de nuevas técnicas de gestión permitirían obtener niveles mucho mayores, entorno a 12-13 unidades. 

El fomento de cultivos energéticos debe potenciarse tanto por el lado de la oferta como de la demanda. Podemos destacar las siguientes medidas por la parte de la oferta: 

  • Incluir aranceles a la importación de productos provenientes fuera de la UE. 
  • La administración debe fijar unos precios mínimos relacionados con la evolución del barril Brent y con el precio de las materias primas en los mercados internacionales. 
  • Incremento del incentivo por hectárea cultivable. 
  • Incremento de la superficie primable para los agricultores que decidan producir cultivos con fines energéticos.

 Por la parte de la demanda, la administración deberán fomentar: 

  • La obligación de incorporar un porcentaje mínimo de biocombustibles en las gasolinas y gasóleos, el Plan de Energías Renovables fija un mínimo de un 5,83%. 
  •  Que todos los vehículos públicos incorporen biocombustibles. 
  •  Fomento de la red de distribución de biocombustibles. 
  •  Campañas de información sobre las bondades de este tipo de combustible.

domingo, 19 de octubre de 2008

Al Gore y el Climate Project (Sevilla 18 de octubre de 2008)

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Tuvimos la ocasión de asistir al encuentro que promovido por The Climate Project Spain, se celebró el sábado 18 de Octubre en la capital hispalense.

Podemos afirmar, sin ningún género de dudas, que los planteamientos que pudimos debatir en esa jornada sentarán las bases para el nuevo orden energético y también económico y social de los próximos siglos.

El actual modelo energético no es sostenible. Además del gran perjuicio medioambiental que produce su uso, las reservas de los combustibles fósiles y de Uranio, la materia prima de la que se extrae el combustible necesario para que las centrales nucleares puedan funcionar, se están agotando y ni los mas fervientes defensores del sistema energético actual aseguran su disponibilidad por más de 100 años. Si hacemos caso de los estudios científicos más rigurosos que se han publicado en los últimos años, esta disponibilidad será menor de 50 años en todos los casos.

No hubo ni una sola opinión en contra de las energías renovables y nadie se atrevió a apostar decididamente por la Energía Nuclear como alternativa energética. En el mejor de los casos solo se apuntó que podría ser conveniente abrir el debate nuclear para poder tomar una decisión con mayor fundamento.

Sin embargo, considero que este debate no tiene ningún sentido. El apostar por la Energía Nuclear es muy peligroso ya que implica detraer recursos económicos de otros programas de investigación que fomenten energías sostenibles. En estos tiempos de crisis, más que nunca, los recursos económicos son muy limitados y no nos engañemos, realizar una fuerte inversión con fondos públicos en investigación y desarrollo nuclear implicará un alto Coste de Oportunidad, entendiendo por Coste de Oportunidad la pérdida de inversión en un sector como consecuencia de haber invertido los fondos en otro.

La energía nuclear originará más problemas medioambientales y dependencia energética. Cuando finalmente dentro de 40 o 50 años no tengamos combustible suficiente para alimentar las necesidades de todos los nuevos reactores tendremos un problema energético aun mayor del actual. Un tiempo precioso perdido que hubiera permitido que gracias a las economías de escala, las distintas energías renovables fueran mucho más baratas y competitivas.

La exposición de D. Al Gore fue clara en sus planteamientos: La evidencia del cambio climático es global, como tuvo ocasión de documentar durante prácticamente un tercio de su exposición. Los desastres climáticos provocados por el cambio climático podemos verlos en cualquier parte del mundo. Analizamos casos particulares en Estados Unidos, Europa, El Polo Norte y el Sur, Asia, África, Australia, etc.

El Dr. Pachauri también fue claro en sus planteamientos: retrasar en solo unos meses las acciones encaminadas a luchar contra el cambio climático será traumático en el corto plazo ya que estamos prácticamente en el punto de no retorno climático.

D. Felipe de Benjumea, como presidente ejecutivo de la empresa Sevillana Abengoa, definió claramente la apuesta por las Energías Renovables. No en vano la empresa es una de las líderes mundiales en cuanto a energía solar termoeléctrica y de producción de biocombustiles. Estos últimos se libraron de la quema a la cual se han visto sometidos en los últimos meses. Quedó demostrado que los biocombustibles no son "malos" en NINGÚN caso. Si que pueden ser malas las formas que se utilizan para su producción, de las cuales solo una, los cultivos energéticos, son las que compiten o pueden competir con los cultivos destinados a la alimentación. Sin embargo, tenemos otras muchas fuentes capaces de producir estos biocombustibles de forma sostenible: residuos industriales, urbanos, agrícolas, naturales, excedentes agrícolas y biomasa natural proveniente de bosques y océanos. Además las nuevos cultivos energéticos alternativos (como es el caso de los cultivos de microalgas) son mucho más eficientes, requiriendo muchas menos necesidades de espacio, que los cultivos energéticos tradicionales.

El Sol y la Tierra nos suministran diariamente y de forma gratuita, más energía de la que somos capaces de consumir. Debemos ser capaces de aprovecharla de forma más eficiente. Está claro que el futuro el modelo energético estará basado en las Energías Renovables y la Generación Distribuida (en contra del modelo actual basado en la generación energética centralizada). Como afirma D. Jeremy Rifkin, "Las sociedades que más duran son aquellas que consiguen el mejor equilibrio entre el balance de la naturaleza y la sociedad humana". Esperemos ser capaces de conseguir este balance para así perdurar como especie en este mundo.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Generación Distribuida

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La nueva economía basada en el hidrógeno.

La forma de distribuir la energía en el futuro es lo que conocemos como generación distribuida. Esta forma de distribución respondería a los problemas de coste y abriría el ansiado nuevo camino que terminará de liberarnos de la era de los combustibles fósiles.

Este sistema invierte totalmente la lógica convencional de la distribución de la electricidad. En el siglo XX y durante lo que va de siglo XXI, la electricidad se ha generado en grandes centrales eléctricas, luego se ha transmitido por líneas de alta tensión hasta los consumidores finales. La centralización de la electricidad, por tanto, ha originado economías a escala (este efecto se produce cuando el coste medio de producir un bien disminuye, a largo plazo, al aumentar la escala en la que se produce).

Sin embargo, los elevados costes de capital necesarios para construir centrales eléctricas gigantescas y vastas redes de transmisión sólo pueden compensarse dejando que las compañías controlen todo el mercado regional.

El Estado ha intervenido apropiándose del servicio de suministro eléctrico a la población. En algunos casos se han regulado el servicio mediante concesiones a empresas privadas, pero con regulación estatal como un monopolio natural.

La centralización en la generación de energía eléctrica comenzó a recibir duras críticas en la década de los setenta. En los últimos años estas criticas se han generalizado, el gran tamaño de las mismas las convierte en disfuncionales a la hora de enfrentarse a todo nuevo tipos de problemas, como el drástico aumento del coste de la energía derivado del embargo petrolero árabe y las subidas de precios decretadas por la OPEP, así como el más grave problema originado por las emisiones de CO2.

La fuerte presión pública hizo que en 1978 el Congreso de los Estados Unidos aprobara la Ley Reguladora de los Servicios Públicos, con el objeto de encontrar nuevas formas de ahorrar energía. Esta legislación se diseñó, sobre todo, para fomentar la extensión de la cogeneración.

La desregulación del mercado del gas natural llevó a un descenso de los precios de este combustible y estimuló nuevos avances en el campo de la generación de electricidad con gas natural. Las nuevas turbinas de gas tenían una buena relación coste-eficiencia para potencias iguales o inferiores a los 100 megavatios y requerían una inversión de capital muy inferior a las plantas nucleares o de carbón de 1.000 megavatios convencionales. Otra ventaja añadida para las nuevas centrales de gas era que requerían menor tiempo de instalación y eran más fáciles de mantener.

Ante esta situación apareció una nueva generación de pequeños productores que ponía en entredicho la producción única por parte de grandes productores amparados por el gobierno y justificados por la teoría económica que definía su actividad como “monopolio natural”.

La realidad era que la producción de electricidad se estaba haciendo cada vez más barata y versátil. Por lo tanto, y de forma más que justificada, la opinión pública exigía una nueva forma de competencia, así como modelos de distribución de electricidad acorde con los tiempos.

Además, de todas las circunstancias anteriores, el sector eléctrico de los países industrializados se ha cargado con dos grandes pasivos. El primero de ellos viene derivado de las desinversiones realizadas en las centrales nucleares que se van quedando obsoletas. El coste social que provocan tanto la disminución de la producción como el desmantelamiento de estas centrales, unido al segundo problema que se enfrenta el sector, que es el coste de mantenimiento de todas las instalaciones y de las redes de distribución que se deterioran a gran velocidad, hace que los problemas en el suministro comiencen a generalizarse en todos los países.

Los apagones, bajada y cortes de tensión se hacen más frecuentes, siendo los clientes los que tienen que soportar los periodos de inactividad. En el caso de España tenemos muy reciente los dramáticos acontecimientos que durante este verano han mantenido a parte de la población catalana sin suministro eléctrico. No obstante, podemos encontrar ejemplos similares a nivel planetario. Los monopolios naturales tienen cada vez menos amigos dispuestos a defender su estatus especial, justo en el momento en que comienzan a aparecer nuevos productores energéticos independientes que les disputan los clientes.

La desregulación alcanzó su punto máximo durante los mandatos presidenciales de Ronald Reagan y George Bush en Estados Unidos y los de Margaret Thatcher y Helmut Kohl como primeros ministros de Reino Unido y Alemania respectivamente. La industria energética se vio afectada profundamente. Más tarde, en 1992, la Ley de Política Energética de Estados Unidos abría el mercado eléctrico a la competencia. Los productores independientes comenzaron a crear problemas a los grandes gigantes con la introducción de tecnologías de pequeño alcance para servir a mercados especiales. Había nacido la era de la generación distribuida.

Esta expresión hace referencia a un conjunto de pequeñas plantas generadoras de electricidad situadas cerca del usuario final, o en su mismo emplazamiento, y que pueden bien estar integradas en una red o bien funcionar de forma autónoma. Los usuarios van desde viviendas domésticas hasta grandes empresas.

Los pequeños motores alternativos alimentados de gas natural o combustible diesel son las tecnologías más difundidas en la actualidad. Aunque en los últimos años están adquiriendo gran desarrollo el uso de placas solares y pequeños aerogeneradores para producir la electricidad. Las calderas alimentadas con diversos recursos biomásicos, también están adquiriendo gran importancia.
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Vector energético: Elemento o compuesto producido de forma artificial capaz de almacenar energía para su posterior consumo.

Por lo tanto, los vectores energéticos no se encuentran disponibles en la naturaleza como pueden estarlo las fuentes de energía, siendo necesaria la mano del hombre para generarlos.

Entre los ejemplos más habituales de vectores energéticos tenemos el hidrógeno, las gasolinas y gasóleos, los gases licuados de petróleo GLP (Butano, Propano, etc.), los biocombustibles (biodiesel y bioetanol) y la electricidad.