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miércoles 15 de septiembre de 2010

Crecimiento de la energía eólica offshore

En España el crecimiento eólico ha sido desigual. Una de las Comunidades Autónomas pioneras en el desarrollo masivo eólico fue la de Galicia. El Plan Eólico del gobierno gallego tiene como objetivo alcanzar a finales de 2010 4.000 MW de potencia. A finales de 2009 ya había conseguido llegar a los 3.231 MW. Esta potencia podrá suministrar hasta el 50% de las necesidades energéticas de esa Comunidad. Para conseguir este objetivo el gobierno regional ha otorgado a compañías eléctricas, fabricantes de aerogeneradores y operadores independientes concesiones para desarrollar cuotas establecidas de potencia en 140 áreas distintas. El objetivo ha sido que al menos el 70% de la inversión se realice en su territorio creando puestos de trabajo directos e indirectos. Como resultado de esta política los fabricantes de componentes de aerogeneradores han proliferado por toda la comunidad.

El salto al mar debe realizarse teniendo en cuenta estos mismos planteamientos y sin descuidar los aspectos medioambientales ya que comunidades como la de Navarra que desde el principio del desarrollo eólico incluyó el análisis de los impactos ambientales como uno de los aspectos claves en la selección de los emplazamientos, evitando así conflictos locales, otras Comunidades no han abordado esta circunstancia completamente lo que origina conflictos con organizaciones y residentes locales.

La integración en la red es una de las variables más importantes que hay que analizar en cualquier nuevo proyecto energético. Las tensiones entre la oferta de energía eléctrica disponible en el mercado español y la demanda de esta energía, están creciendo año a año. Mientras que la demanda de energía eléctrica ha experimentado un crecimiento medio, en los últimos cinco años del 1,44%, la potencia instalada se ha incrementado una media del 6,29% en el mismo periodo de tiempo.

Esta circunstancia implica que un país que tenga un alto porcentaje de plantas eléctricas inflexibles, como es el caso de las centrales nucleares que no están preparadas para trabajar de forma discontinua según las necesidades del mercado, no estará preparado para soportar la variabilidad de producción que demanda el mercado. Por lo tanto, desde un punto de vista económico que no medioambiental, este tipo de instalaciones solo se justifican en porcentajes muy reducidos. El resto de centrales que pueden “desconectarse” y “conectarse” con más flexibilidad tienen cabida en el mercado siempre que sus costes de operación sean competitivos. Además, la inactividad originará grandes pérdidas económicas para las empresas energéticas que deberán interrumpir la producción de sus plantas con más frecuencia de la deseada.